jueves, 8 de junio de 2017

QUINTA APROXIMACIÓN

QUINTA APROXIMACIÓN
María Luz Pacheco Dworniczak

La responsabilidad del docente es el cuidado del alma. Cada niño es un buscador de su propio camino” María Teresa Quirós.

Luego de hacer un viaje hacia atrás en lo que fue el tiempo de cursado de la materia, procederé a ensayar una serie de reflexiones respecto del proceso de aprendizaje como experiencia de construcción de sentido de la práctica docente.



La primera cita con la que comienzo este ensayo, la extraje del final de la presentación que realizó la profesora Laura Vargas, sobre el enfoque cronológico de la relación entre educación y medios de comunicación en base a los texto de Graciela Carbone y Teresa Quirós. Allí se ancló una perspectiva general para pensar estrategias que permitan integrar, de manera didáctica, prácticas de uso crítico de los medios de comunicación dentro del aula, medios que hoy son un complemento educativo en la vida de las personas influyendo en la formación de ideas y valores.
Volviendo a la cita de Quirós, esta concepción del docente como quien cuida del alma de las personas, me lleva a pensar en un ser, que siendo consciente de sí, acompaña a la niña o al niño en su camino de búsquedas y encuentros con los aspectos de la vida que irán resonando con su esencia, cultivando su ser humano en este mundo, una persona capaz de vivir en armonía con toda la vida, un agente de cambio de aquellos aspectos del entorno que considere negativos para el desarrollo de una sociedad más justa.  Me lleva a vislumbrar aquellas responsabilidades que siento, son de valor, en la forma de asumir la tarea docente. Me lleva a reflexionar sobre mis intenciones para con el rol de educadora, a visibilizarlas, a revelarlas a la mente para ponerlas en diálogo con la realidad, con las visiones de colegas y amigas, para que siempre encendido, no se pierda el foco inicial, más allá de que se transforme, se complejice y hasta se cambie, es el capital semilla para crecer en este monte amenazado por la motosierra de la rutina laboral y el hacha de ideas pesimistas sobre la educación pública.
En este sentido, concuerdo con el punto de vista de Umberto Eco, quien en su texto “¿De qué sirve el profesor?”, remarca la función de promover un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre la manera de trasmitir y modos de argumentar de los medios, ofreciendo una guía de cómo buscar, filtrar y seleccionar la información disponible en los mismos, remarcando la mega biblioteca virtual que contiene Internet.


Poco a poco nos fuimos aproximando a una práctica de introspección y reconocimiento del ser docente en el presente contexto histórico.  Entonces llegó la primera invitación a pensar el campo de la Comunicación/educación, de la mano de autores como Huergo, quien integra dimensiones de análisis claves en relación a una formación crítica de la subjetividad de los educandos, en procesos de  apropiación de los lenguajes mediáticos para leer y escribir la experiencia, la vida y el mundo, en una lucha por legitimar el discurso autónomo del sujeto social.
A la par de la teoría, y al fuego de los tópicos de “tribus y territorios académicos”, comenzamos un trabajo grupal, del cual nació la semilla inicial. La metáfora de la semilla que es cada comunicador social, nos llevó a pensar en las inquietudes que nos motivaron a querer ser parte del campo, el contexto social, cultural, político, económico en el cual estamos inscriptos, las disciplinas con las que nos vinculamos, los espacios de práctica profesional, los procesos de legitimación, la fuerza de la vocación que nos sostiene como actores activos.
La discusión se materializó en una representación simbólica. Un dibujo en un afiche que da cuenta de este repensarnos como comunicadores en nuestro campo hoy, para hacer consciente desde el lugar en el cual nos vinculamos con el campo de la educación desde el rol docente algunos, y otros abriendo esa posibilidad. La visibilización de las reglas del juego me lleva a pensar en una frase de Huergo que dice “La comprensión del mundo en que vivimos nos lleva a actuar en él con mayor autonomía y libertad”.

La siguiente invitación, fue a elaborar una gacetilla, en base a los aspectos trabajados sobre el campo de la comunicación social. Ahí, la inteligencia colectiva brilló en su creatividad, jugando con el lenguaje a informar sobre el suceso del lanzamiento de un manual de cultivo de comunicadores para el campo. El intercambio fue alegre. Un clima grato de volver a encontrarse entre colegas, esta vez con un nuevo propósito: el de formarnos como profesores.
De allí nos fuimos hacia los aportes de Filloux, quien interpela el territorio de la educación. Expone el paradigma de la Escuela Nueva, invitando a pensar la práctica docente como una práctica transformadora.  Este punto me llamó la atención, ya que mi etapa de escolarización primaria y secundaria, la realicé en la Escuela Nueva Juan Mantovani, la cual se basaba en los pilares del respeto a la individualidad del niño y la formación del pensamiento crítico. Entonces puedo remarcar aquí, cómo la teoría y la práctica de la cátedra, me llevaron a reflexionar sobre las raíces de mis ideales del ser docente.

El paso que continuó en este camino, comenzó con una introducción a la Sociología Clínica. Un retrato de vida que se inscribe en lo histórico/social y entiende que la identidad es un texto que se forma en el cruce de tres elementos: los hechos, sus significados inconscientes y la expresión subjetiva.
Una vez expuesta la teoría, pasamos a aplicar las ideas escribiendo una línea del tiempo personal, dinámica que encuentro didáctica en cuanto a su contribución a internalizar el conocimiento, pasando del qué al cómo. La línea debía contemplar la trayectoria académica, profesional, en el campo educativo y la personal. El ejercicio fue movilizante por el mapa vivencial que otorga una visión en retrospectiva de cómo la experiencia, fue forjando una construcción subjetiva de lo que es ser docente, y de la docente que quiero ser. Una respuesta a estas preguntas es la concepción de la docente como facilitadora de aprendizajes. Idea que he comenzado a desarrollar y que en la memoria final compartiré con ustedes.

La próxima propuesta llegó en realizar un registro etnográfico de un fragmento de la película “Klass”. Los subtítulo intencionalmente no estaban, y la lengua de Estonia era un trabalenguas imposible de adivinar.  El registro debía ser realizado en tres ejes: lo que creo que va pasando, lo que veo que está pasando y lo que siento de lo que va pasando. A los 15 minutos, intercambiamos el trabajo, para que cada uno lleve a cabo una evaluación sobre qué aspectos se podía observar de lo que corresponde hacer en un registro y aquello que no es pertinente. Luego, Diego  fue sistematizando en el pizarrón las observaciones de modo de ir deduciendo y estableciendo lineamientos que nos permitan esclarecer patrones correctos de registro.
De esta práctica rescato por un lado, una dinámica docente que interpela al educando en su capacidad de observación y construcción de sentido, encontrando en la memoria de los conocimientos pre-adquiridos, la información necesaria para comprender la herramienta del registro etnográfico, y, por otro lado, visionar su aplicación en la auto observación de los procesos áulicos que se van dando en las propuestas que crea el docente, como insumo clave, para evaluar su planificación, posibilitando la revisión de objetivos y modalidades de trabajo.

Llegó un nuevo encuentro. Esta vez para trabajar con la Película Entre Muros. Mientras la veía iba construyendo una mirada, teniendo presente la diferenciación aprehendida de lo que veo que está pasando, de aquello que creo y de lo que siento. Herramienta que aprecio por el orden que propicia para cultivar una observación consciente, no solo a la hora de construir información para la elaboración y evaluación de propuestas, sino para codificar y decodificar el imaginario simbólico, producto inseparable de toda experiencia humana, por ser una experiencia que se construye en el lenguaje y por el lenguaje, como bien explica McLaren.
En clases se nos otorgó al azar un personaje de la película. Me tocó Carl, personaje que fui analizando y describiendo desde el recuerdo en base a los tópicos propuestos por la cátedra. Luego, la profe, nos invitó a unirnos con las personas del curso a quienes le haya tocado el mismo personaje. Esta dinámica de desarmar y rearmar aleatoriamente los grupos, para generar nuevas interacciones de intercambio, despierta un entusiasmo por la misma novedad debido, en parte, a el desafío de generar una nueva organización para la realización de una tarea. En nuestro caso me puse en el rol de escribir, observando que el mismo, implica una habilidad para manifestar en palabras el discurso de varios, buscando incluir todas las miradas, integrando las diferencias para que no se generen tensiones. Esta tarea es, a su vez, propia del rol docente, abrir la discusión, habilitar la palabra, realizar preguntas generadoras y hacer un registro inclusivo de la cosecha de todo aquello que surgió del proceso de inteligencia colectiva.
Finalmente, ya con el guión de la película en mano, nos pusimos a elaborar un perfil exhaustivo de Carl. Tomando en cuenta variables de análisis como origen socio cultural, intereses personales puestos en juego o situaciones que le resulten problemáticas, el trabajo fue una práctica de análisis y reflexión sobre una persona, que bien podría ser nuestro alumno. Entonces, remarco la importancia que le doy a llevar a cabo estos procesos para pensar y repensar propuestas en un curso, a la hora de abordar un Curriculum.

La última aproximación fue hacia aquellos contextos laborales que nos resultaran hostiles para ejercer la docencia, rescatando los motivos de tal consideración. Para ello, primero vimos un cortometraje llamado “Un día en la vida del maestro”. Un trabajo visual que apela a valorar la vocación, como motor que impulsa a poner al servicio, los conocimientos de un profesional en aquellos sectores de mayor vulnerabilidad social, sea por los escasos recursos materiales, la violencia que los impregna o la lejanía de lugares rurales.
Cada quien expuso su perspectiva, y de manera general denotó como mayor dificultad, aquella vinculada con la falta de conocimiento de tecnologías sociales que posibiliten ayudar a mejorar las condiciones de educabilidad en cada situación. A partir de esta problemática, nos pusimos a pensar en conjunto estrategias superadoras. De lo cual surgieron ideas como la creación de círculos de palabra para que los jóvenes puedan expresar sus conflictos y, de manera grupal, visionar posibles soluciones o ayuda.


Para terminar, voy a compartir una apreciación general del proceso vivido, al cual entré como docente novata, siendo que doy clases de FVT en la escuela Perito Moreno desde Septiembre del año pasado. Rescato ante todo, las invitaciones a pensarnos y formar conscientemente el Ser docente hoy, habilitando espacios de diálogo y de auto observación del imaginario personal y grupal, desde herramientas tan valiosas como la sociología clínica, la etnografía y teorías que vinculan el campo de la comunicación al de la educación. Ya terminando el ciclo, me quedo con una visión enriquecida de la profesión, por las nuevas ideas que nacieron inspiradas en las prácticas docente que llevamos a cabo colectivamente. Por todo eso y por la alegría con la que llega el equipo docente a compartir cada encuentro, gracias.




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ARPOXIMACIÓN N °5  DE GABRIEL BAREBERO
A lo largo de mi trayecto en el cursado de la cátedra he podido abastecerme de numerosas herramientas teóricas y también prácticas para adentrarme en el mundo de la docencia desde un punto de vista diferente al que me han podido propiciar las demás cátedras. Destaco el lugar preponderante que se otorga al diálogo común entre los participantes del Taller conjuntamente con los docentes. Es una práctica que me ha servido mucho para expandir mi visión respecto de la actividad docente y dar por tierra con numerosos preconceptos o imágenes que tenía sobre ella.
No se queda atrás el material de estudio desde el punto de vista teórico, que también me ha facilitado la llegada a otro tipo de herramientas para afrontar de una manera holística los desafíos que presenta la práctica docente, como así también conocer mejor los fundamentos y la génesis de este gran proyecto.
Desde una mirada más emocional, destaco el fuerte compromiso que los docentes de la cátedra tienen respecto no ya a la transmisión de conocimientos meramente sino a la puesta en escena de sus propias experiencias y visiones a fin de que desmitifiquemos algunas imágenes que ya traíamos sobre la docencia. Especialmente rescato la cercanía de la cátedra a los alumnos al tratarnos como “pares”, lo cual fue importante para mí en el sentido de comenzar a identificarme bajo el título de “docente”.
En un principio, todo fue novedoso, distinto pero a la vez motivador. Los rostros de mis compañeros demostraban sensaciones similares a las mías: adentrarse por primera vez al mundo de la docencia como una decisión de vida y de proyecto. Y ello se nota quizás en los nervios, quizás en el entusiasmo o quizás, todo junto. Es por eso que también recuerdo con beneplácito el tacto de los jefes de cátedra para manejar (¿potenciar?) todas esas sensaciones comunes y depositarlas sobre la mesa en cada trabajo práctico, en cada aproximación o diálogo. Fue interesante la manera en que se dispusieron tiempos para dar espacio a la palabra de cada integrante y aprender a escucharla para, desde allí, plantear el punto de vista propio.
Respecto a los referentes conceptuales, creo que fueron los correctos en tanto me brindaron una visión muy general del mundo en el que estamos incursionando, pero también otros que bajaban las teorías a la práctica y desde allí, entender mejor los primeros. Considero que el orden de las lecturas facilitó esta visión cronológica de la génesis, propósitos y motivaciones de la docencia. Respecto al apartado práctico del Taller, creo que también ha servido para dos cosas fundamentales: por un lado aproximarse a la enseñanza desde un punto de partida diferente, consensuado con otros pares, problematizado, reflexionado; y por otro lado para aprender a disentir sobre ciertas cuestiones sin desacreditar la palabra del otro. Quizás el único punto reseñable aquí podría ser la redacción de algunas consignas en las aproximaciones ya que las he podido encontrar algo confusas.
Respecto a la injerencia del campo comunicacional en la práctica docente, el Taller me ha servido para entender la especificidad de nuestra carrera y sus herramientas en el desarrollo de una currícula así como también su importancia como disciplina a conocer y transmitir en un mundo tan dinámico como el de nuestros días.
    No puedo dejar pasar por alto también el fuerte desarrollo de lo que podría llamar una “reflexión práctica sobre la teoría” que he podido advertir es el corazón del taller. Quiero decir que hemos realizado una importante introspección de ciertos temas nodales que se suscitan en la práctica docente pero no sólo desde una mirada pragmática al ponerla en común y debate con los integrantes sino también a la luz de la propia teoría a modo de ratificar o bien problematizar los textos. Ese ejercicio fue de suma importancia a la hora de construirme, al menos, la imagen de un docente que se piensa a sí mismo como un constructor, un hacedor de presente que con el tiempo será la historia. Esa experiencia me brindó la noción de real compromiso con la realidad en la medida que, al no haber práctica docente neutra, es necesario advertir la intencionalidad con la que uno transmite o “pasa” ciertos conocimientos (teniendo en cuenta la coyuntura) y dicha responsabilidad la he podido reconocer en este taller de manera participante quizás, no con demasiado bagaje teórico que es, considero, lo que aporta la validez a ese auto-reconocimiento.
Párrafos atrás he mencionado el tema sobre la dimensión humana de la relación entre los responsables de la cátedra y nosotros, los alumnos. Quizá enfatizar el carácter horizontal de este vínculo al menos, en el plano discursivo, como un gran puente entre quienes aspiramos a la educación formal y quienes ya están dentro de ella. Considerarnos como pares considero que aumenta la empatía y la identificación no sólo con la práctica sino con un sentido de pertenencia hacia la labor. Es notorio el enfoque netamente humano que la cátedra intenta impartir y considero es valioso pues la idea es tratar con personas y a ese efecto, el modo de enseñar/compartir del taller puede ser un punto de partida a modo de ejemplo en miras a construir una práctica similar.
Puedo decir también que, lamentablemente, creo no hemos contado con el tiempo suficiente para tratar todos los temas, dudas o inquietudes que podrían surgir. Al menos si considerásemos de manera sesuda cada texto del programa. Entiendo que se debe a limitaciones de tiempo impartidas por la currícula pero creo que sería aún más útil tratar en profundidad los textos para que surjan nuevas inquietudes que se puedan poner en común y debatir, a modo de taller. Es por ello que considero debería tratarse de una cátedra con mayor amplitud en términos de tiempo.
No obstante ello, no puedo dejar de observar el buen tino y tacto para tratar con la suficiente prontitud los temas más acuciantes o bien que nos pudieran despertar mayor interés o dudas. A este respecto recuerdo el uso de numerosos recursos como fragmentos de películas, diapositivas, debates, representaciones, textos, etc., que son recursos que acompañan el mensaje y su problematización.
Supongo que comprendiendo la importancia de las relaciones humanas y los vínculos, se ha hecho un buen uso del espacio con respecto a fomentar la pertenencia y acompañamiento de nosotros como alumnos. La propuesta fue formar grupos con personas que no conozcamos desde un comienzo, a modo de comprender la riqueza del intercambio con personas que aspiran a desarrollarse en lo mismo que uno pero con miradas diferentes o desconocidas. Eso lo he podido transpolar al desarrollo de una clase y a la luz de, por ejemplo, la perspectiva de Paulo Freyre, al reconocer que no hay educación si no existe pluralidad de ideas en un mismo habitáculo. En este sentido me fue muy enriquecedor para ensanchar mi propia concepción de la docencia tratar con futuros colegas desconocidos para mí, con ideas que quizás no comparta pero que me permitieron reflexionar sobre las mías propias, siempre buscando la mejor respuesta ante ciertas circunstancias. Mención aparte merece que, en la misma dinámica y comprendiendo el sentido de la pluralidad de experiencias, entre nosotros mismos hemos decidido que sería mejor conformar grupos con personas que tengan un camino recorrido en la docencia formal, otros en la informal y otros sin experiencia. Ello también nos y me sirvió para dicha mirada.
Con todo, considero ha sido una experiencia sumamente enriquecedora a la vez que agotadora. Los tiempos han sido muy acuciantes y los textos conjuntamente con las prácticas a tratar, también. Ello habla también de la perseverancia que se necesita en esta cátedra (como en todas de la U.N.C.) para construirse como verdadero profesional.


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Carmen Heredia

El fin de mi trayecto en la Licenciatura en Comunicación Social, coincidió con el fin de muchos ciclos. Con un panorama bastante desconocido, arranque el 2016 con la vaga idea de comenzar el trayecto pedagógico que ofrece el Profesorado en Comunicación. Luego de un inicio trunco, en este 2017 me reencuentro con el cursado del Taller de Práctica Docente I, y de la misma manera me reencuentro con herramientas que brinda la cátedra para reflexionar y analizar mi tránsito por los distintos ámbitos escolares. Reconociendo así a la sociología clínica, que permite reflexionar sobre los relatos, el propio y los ajenos; y a la etnografía, como una manera de organizar la que se puede observar en las escuelas. Para ambas herramientas, pienso en la experiencia que tuve en 2016, participando del Proyecto de Consejería para adolescentes en la escuela secundaria del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba. Durante la misma, tuve que aplicar -quizás sin ser tan consciente- ambas herramientas con el objetivo de conocer a los estudiantes que transitan la escuela secundaria, y de alguna manera acompañarlos en el trayecto intentando alivianar los conflictos que cada historia de vida presenta. En el caso de etnografía que presenta Mónica Maldonado en “Una escuela dentro de una escuela”, puedo identificar y reconocer la manera en que los contextos se traducen en las formas en que se relacionan los adolescentes en la escuela.
Imagino mi práctica docente (sin tener experiencia en ese sentido), como una posibilidad de combinar mi formación en la Licenciatura en Comunicación Social (orientación audiovisual) con la que estoy teniendo en el Profesorado, pudiendo transmitir una forma distinta de ver el mundo, de construir conocimiento, de acceder a la cultura, ya sea como consumidor o productor. Entiendo como un desafío poner en tensión constantemente mi propia experiencia escolar en la primaria y la secundaria, y mi paso por esta universidad, las buenas experiencias y las malas también. También me invito a reflexionar sobre la educación que recibí en mi familia; tanto mi madre como mi padre son o han sido directores de instituciones educativas, de nivel secundario y terciario ambos; también mis tías y mis abuelos, por parte de padre y madre; lo que interpreto hoy, como un privilegio en el sentido de que pude tener acceso a un capital cultural al que la mayoría de los estudiantes que transitan la escuela pública, no tienen acceso.
Conocer las discusiones que se dan en el campo de la Comunicación/Educación me resulta muy estimulante y motivador para, desde ese lugar, construir alternativas hacia ambos campos, intentando achicar las brechas que existen entre sujetos, que -a mi entender- son la causa de los conflictos emergentes en las formas de relacionarnos en los diferentes espacios públicos (escuela, medios, organismos públicos y privados en general).
Huergo propone preguntas que movilizan, que no permiten a uno seguir viendo las cosas de la misma manera. Nos invita a querer ponernos en la piel de libertadores como Simón Bolívar, o de intelectuales como Eduardo Galeano, nos invita a creer en las utopías, y desde el campo de la Comunicación/Educación acercarnos y construir con el otro distinto y su cultura, con la nuestra, con la mía. Resistir a los poderes dominantes acercando posibilidades de nuevas experiencias a los sectores más desfavorecidos por el sistema y las estructuras sociales con las que vivimos. Construyendo diálogos que pongan en tensión lo que naturalizamos en nuestros modos de vida. Pienso así que la experiencia en el aula más que una experiencia en la que yo, como docente, pueda enseñar a otros, va a ser una experiencia en la que gracias a esos otros yo pueda aprender, junto a ellos, a ser mejores individuos para una mejor sociedad.

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Quinta aproximación. Consigna 9. Damian Suarez


La práctica docente y la comunicación social.

A través del camino recorrido en este trayecto de la cursada de Práctica docente 1, fueron apareciendo claves acerca de la configuración del campo de la educación/ comunicación.
La cátedra aportó a través de la biografía y las clases teóricas una perspectiva cronológica de como se desarrollo la relación entre Educación y Comunicación. La mirada histórica da cuenta de cómo la institución escolar, nacida en el marco de la modernidad y portadora de los valores que esta representaba, fue desarrollando diferentes actitudes frente a la aparición de los medios masivos de comunicación y la cultura de masas. La cultura de masas y los nuevos medios eran vistos como representantes de “una cultura baja” de la cual la escuela debía estar alejada. La expansión de de los medios en la década del 60, hacia que cada vez más hogares y familias tengan acceso a la televisión y la radio. Los medios masivos en este contexto empiezan a ser un reflejo de la sociedad y se constituyen como un transmisor de valores y reproductor de pautas culturales. Los trabajos teóricos se dan en torno a los efectos de los medios en las audiencias. Aparece la necesidad de incorporar lo audiovisual a lo escolar. El Audiovisualismo estudia en que forma se puede trabajar con el nuevo lenguaje de forma didáctica como herramienta en el aula. El desarrollismo, apoyado en valores tecnocráticos, propicia el ingreso de las tecnologías de comunicación e información a la escuela como garantía de una mejor calidad en educación.
En los 70 la mirada sobre los medios gira en torno a la crítica y la denuncia. Se denuncia lo los medios como aparatos ideológicos. La escuela es también vista como una institución al servicio de la ideología dominante y como reproductora de desigualdades.
En este periodo histórico se dan experiencias en el campo de la educación popular, estas experiencias están orientadas a sectores vulnerables y excluidos en latinoamérica. Los medios son vistos como una herramienta importante en estas experiencias, las radios comunitarias, los periódicos sirven para llegar a donde la escuela está ausente.
El golpe del 76 abre una etapa de cierre de las experiencias de comunicación popular, la escuela se cierra sobre si misma, afirmando su tradición conservadora  ligada al proyecto modernizador autoritario que se imponía desde el gobierno de facto.
La apertura democrática abre nuevamente las discusiones en torno a la relación de la educación y la comunicación, enriquecidos por nuevos aportes teóricos que retoman la tradición de los 70.
Se destaca la aparición de estudios de organismos internacionales que dan cuenta de la tensión y relación mutua entre educación y comunicación, pero la aparición de los organismos multilaterales advierte también el fenómeno de la transnacionalización de las políticas educativas y económicas que desembarcarian con fuerza en la década de los 90 con la instauración del modelo neoliberal.
La aplicación del modelo neoliberal y una serie de medidas como el desmantelamiento del estado, la destrucción del aparato productivo tuvieron consecuencias económicas que dieron como resultado la degradación del entramado cultural y social de la población.
La reforma educativa, el proceso de privatización de la oferta y ajustes presupuestarios,  sumados a la crisis económica, atravesaron a las instituciones escolares y cambiaron el paisaje de la educación en Argentina.
La institución escolar artículó como mediador en las políticas de contención social  y asistencialismo del Estado.
En este contexto la escuela y el rol del docente adquirió otras significaciones, sumándose a la tarea de enseñar otras como la contención social, alimentación y asegurar la permanencia de los alumnos, etc.

En este recorrido me lleva a recordar mi paso por la escuela, y traigo a la memoria pequeños hechos que en apariencia anecdóticos pero que adquieren significado personal a la luz de lo visto en clases y en la lectura de los apuntes.

Recuerdo que por la reforma educativa, nuestra escuela paso de la órbita nacional a la provincial, a este cambio se sumó una variación en el plan de estudio, fue asi como pasamos desde 6to grado a 1er año de la secundaria, esto nos llevó a quedarnos sin la posibilidad de organizar el viaje de estudios tradicional, seguramente también haya influido la situación económica.
También era normal tener varios días sin clase a causa de los paros docentes. Destaco hoy la lucha y el reclamo de los trabajadores de aquellos años, que adquiere más significación en el presente cuando se vuelven a repetir situaciones que ponen en peligro la educación pública.

Esta tarea de pensarnos como sujetos inscriptos una una trama social e histórica, con trayectorias personales, escolares y académicas diversas es un aporte valioso que se hace desde la Cátedra de Práctica docente 1.

En este sentido es muy descriptivo como a través de los actividades grupales en el aula, los espacios de discusión y puesta en común van apareciendo rasgos distintivos de nuestra identidad como Comunicadores Sociales, con características diversas y miradas particulares donde cada uno expone su subjetividad como individuo, pero también como actor social de una tarea colectiva.

Esta tarea colectiva, poner en circulación discursos, escucharnos, dialogar, constituye un eje desde el cual pensar nuestra práctica como comunicadores en al ámbito educativo. Nos permite pensar desde que lugar vamos a ocupar el campo educativo/comunicacional y desde donde vamos a inscribir nuestras prácticas de intervención como profesionales.
Todo esto implica desafíos y complejidades, implica expectativas y miedos, implica también mirarnos y poder problematizar nuestras propios prejuicios y nuestras concepciones respecto a las problemáticas del campo de la comunicación/educación.

El campo de la comunicación/educación se configura como un campo político (Huergo). Es un campo estratégico donde se ponen de manifiesto las complejidades de nuestra sociedad y sus problemáticas. La crisis de representatividad política, la crisis de la institución escolar, el surgimiento de nuevas subjetividades asociadas a uso y la apropiación de las nuevas tecnologías, etc.
Somos nosotros, como comunicadores, sujetos de acción y sujetos políticos. Esto nos desafía a participar y a construir colectivamente lugares de posibilidad para la experiencia. Nombrar la experiencia a través del lenguaje, darle voz y  posibilidad a las personas para que inscriban su historia en la trama social.
Esta perspectiva tiene fuerte anclaje en la experiencia de la educación popular, la pedagogía latinoamericana de Freire, que tiene un punto de partida insoslayable: el “universo vocabular” de los otros, donde se visibiliza los problemas y representaciones culturales. La educación pensada como vehículo de liberación de los oprimidos, trabajando con el otro, desde el reconocimiento de la subjetividad del otro, no como un extraño sino como un par. Este diálogo cultural es un punto de partida metodológico y político.
El campo de la educación/comunicación debe entenderse como como un ámbito de lucha por el significado de la experiencia, un lugar de disputa de sentidos.

Estas consideraciones nos interpelan como sujetos sociales e históricos y establecen un principio ético-político. El reconocimiento  del otro también implica el “reconocimiento de si”.
Vuelve a emerger unos de los ejes de nuestro trabajo en el Taller de Práctica Docente 1. Somos sujetos inscriptos en una trama histórica y cultural, esa trayectoria es la que debemos comprometer y es nuestro punto de partida desde donde vamos a interpelar al otro como sujeto. Habilitar la voz de otros implica habilitar nuestra propia voz en el campo de la educación/comunicación.

Reconocer al otro, habilitar lugares de posibilidad, es visibilizar al otro, darle entidad y hacer cuerpo sus problemas, sus miedos, sus esperanzas y sus sueños. Es salir del debate teórico y situarnos en la realidad.
Aquí surge una de las problemáticas expuestas siempre que hablamos de nuestra formación académica: “la falta de prácticas profesionales”. El texto “la formación de los docentes” (alliaud) pone el acento en el desajuste entre la teoría y la práctica y como la formación docente obvia la escuela. La escuela hoy impone exigencias mayores y más complejas.
Las respuestas ante muchos de los problemas se pueden encontrar en los propios docentes, en las mismas escuelas, en el saber cotidianos que se produce en las aulas. “ El saber de la experiencia”.  En este sentido, recupero el aporte que hacen nuestro propios compañeros y los docentes a cargo en los encuentros. Muchos de ellos se desempeñan profesionalmente en escuelas y otros ámbitos de formación, y al compartir sus experiencias concretas, reflexionar sobre ellas, ayudan a comprender el campo educativo.

El cursado del Taller de Práctica docente 1 nos abre la posibilidad de poner en acción experiencias y saberes teóricos aprendidos a lo largo de la carrera, articularlos con los marcos teóricos propios del campo educativo. También es un ejercicio de recuperación de nuestra historia personal y de diálogo con la historia de los otros. Compartir un nosotros y construir una mirada que problematice el campo de la comunicación/educación.




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